Boletin 08-2008 16-12-2017 22:24 (UTC)
   
 

 
Boletín 08-2008
La Fiesta de Pentecostes
 


Un don es algo dado por otro libre, gratuitamente y benévolamente.
 

 
 
 

Lectura del día
 

Lecturas para este día: Hechos 2,1-11; 1ª Corintios 12, 3-7 y 12-13; Juan 20, 19-23.
 
Queda a discreción del lector la lectura de los capítulos citados.
 

 
Edificación Espiritual

 
Escribe en siete papelitos, los nombres de los dones del Espíritu Santo, deposítalos en un recipiente, elige uno al azar medítalo, y busca en tu vida personal dos experiencias de tu vida del don que te toco.
 
Reflexiona comunitariamente ¿en qué dones está más rica nuestra comunidad y cual es el que mas nos hace falta vivenciar?
 
Reflexiona sobre cuales son los dones que mas has recibido o con mayor intensidad y luego medita de cuales dones te gustaría recibir.
 

Eco de la Palabra
 

 
El Espíritu Santo se manifiesta en nosotros, lo hemos recibido en el sacramento del bautismo. Recibimos una semillita, pequeñita, que debe ponerse en tierra para que germine, crezca y de sus frutos. La decisión de preparar el terreno para que crezca, depende únicamente de nosotros. Debe ser una decisión, libre y conciente.
 

 
Catequesis

 
Origen de la fiesta
 
Los judíos tenían una fiesta que se llamaba fiesta de Pentecostés y que se celebraba 50 días después de la pascua. En esta fiesta, recordaban el día en que moisés subió al Monte Sinaí y recibió las tablas de la Ley y le enseño al pueblo de Israel lo que Dios quería de ellos. Celebraban así, la alianza del Antiguo Testamento que el pueblo estableció con Dios: ellos se comprometieron a vivir según sus mandamientos y Dios se comprometió a estar con ellos siempre. La gente venia de todos lados a la fiesta de Pentecostés al Templo de Jerusalén.
Dios había prometido mandar su Espíritu en varias ocasiones: durante la Ultima Cena Jesús les promete a sus apóstoles lo siguiente: “mi padre os dará otro abogado, que estará con vosotros para siempre: el Espíritu de Verdad” (Jn 14, 16-17). Mas adelante les dice: “Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviara en mi nombre, ése les enseñara todo y traerá a la memoria todo lo que yo les he dicho”(Juan 14, 25-26).
 
Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa: “Les conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el abogado,… muchas cosas tengo todavía que decirles, pero no se las diré ahora, cuando venga aquel, el Espíritu de Verdad os guiara hasta la verdad completa,… y os comunicará las cosas que están por venir” (Juan 16, 7-14).
 
En nuestro año calendario del Año Litúrgico, después de la fiesta de la Ascensión, a los cincuenta días de la Resurrección de Jesús, celebramos la fiesta de Pentecostés.
 
Explicación de la fiesta:
Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos.
Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas. En esos días, había muchas extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban. Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu. Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal.
El Espíritu Santo es Dios, es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia nos enseña que el Espíritu Santo es el amor que existe entre el Padre y el Hijo. Este amor es tan grande y tan perfecto que forma una tercera persona. El Espíritu Santo llena nuestras almas en el Bautismo y después, de manera perfecta, en la confirmación. Con el amor divino de Dios dentro de nosotros, somos capaces de amar a Dios y al prójimo. El Espíritu Santo nos ayuda a cumplir nuestro compromiso de vida con Jesús.
 
Símbolos del Espíritu Santo: El viento, el fuego, la paloma.
Estos símbolos nos revelan los poderes que el Espíritu Santo nos da: el viento es una fuerza invisible pero real. Así es el Espíritu Santo. El fuego es un elemento que limpia. Por ejemplo, se prende fuego al terreno para quitarle las malas hierbas y poder sembrar buenas semillas. En los laboratorios médicos para purificar a los instrumentos se les prende fuego.
El Espíritu Santo es una fuerza invisible y poderosa que habita en nosotros y nos purifica de nuestro egoísmo para dejar paso al amor.
 
Nombres del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo ha recibido varios nombres a lo largo del nuevo. Testamento: el Espíritu de verdad, el Abogado, el Paráclito, el Consolador, el Santificador.
 
Misión del Espíritu Santo:
  • El Espíritu Santo es santificador: para que el Espíritu Santo logre cumplir con su función, necesitamos entregarnos totalmente a El y dejarnos conducir dócilmente por sus inspiraciones para que pueda perfeccionarnos y crecer todos los días en la santidad.
  • El Espíritu Santo mora en nosotros: En San Juan 14, 16, encontramos la siguiente frase: “Yo rogare al Padre y les dará otro abogado que estará con ustedes para siempre”. También, en 1ª Corintios 3, 16 dice:” ¿No saben que son templo del Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes?”. Es por esta razón que debemos respetar nuestro cuerpo y nuestra alma. Esta en nosotros par a obrar porque es “dador de vida” y es el amor. Esta aceptación está condicionada a nuestra aceptación y libre colaboración. Si nos entreguemos a su acción amorosa y santificadora hará maravillas en nosotros.
  • El Espíritu Santo ora en nosotros: necesitamos de un gran silencio interior y de una profunda pobreza espiritual par a pedir que ore en nosotros el Espíritu Santo. Dejar que Dios obre en nosotros siendo dóciles al Espíritu. Dios interviene par a bien de los que le aman.
  • El Espíritu Santo nos lleva a la verdad plena, nos fortalece para que podamos ser testigos del Señor, nos muestra la maravillosa riqueza del mensaje cristiano, nos llena de amor, de paz, de gozo, de fe y de creciente esperanza.
 
El Espíritu Santo y la Iglesia:
Desde la fundación de la Iglesia el día de Pentecostés, el Espíritu Santo es quien la construye, anima y santifica, le da vida y unidad y la enriquece con sus dones. El Espíritu Santo sigue trabajando en la Iglesia de muchas maneras distintas, inspirando, motivando e impulsando a los cristianos, en forma individual o como Iglesia entera, al proclamar las Buena Nueva de Jesús. Por ejemplo, puede inspirar al Papa a dar un mensaje importante a la humanidad; inspirar al obispo de una diócesis para promover un apostolado; etc. Pero también inspira a todos los fieles cristianos a vivir una vida según el corazón de Jesús.
El Espíritu Santo asiste especialmente al representante de Cristo en la Tierra, el Papa, para que guié rectamente a la Iglesia y cumpla su labor de pastor del rebano de Jesucristo.
El Espíritu Santo construye, santifica y da vida y unidad a la Iglesia. El Espíritu Santo tiene el poder de animarnos y santificarnos y lograr en nosotros actos que, por nosotros, no realizaríamos. Esto lo hace a través de sus siente dones.
 
 

Los Siete Dones del Espíritu Santo
 

Estos dones son regalos de Dios y sólo con nuestro esfuerzo no podemos hacer que crezcan o se desarrollen. Necesitan de la acción directa del Espíritu Santo para poder actuar con ellos.
 
  1. Sabiduría: Nos permite entender, experimentar y saborear las cosas divinas, para poder juzgar rectamente.
  2. Entendimiento: por él, nuestra inteligencia se hace apta para entender intuitivamente las verdades reveladas y las naturales de acuerdo al fin sobrenatural que tienen. Nos ayuda a entender el por qué de las cosas que nos manda Dios.
  3. Ciencia: hace capaz a nuestra inteligencia de juzgar rectamente las cosas creadas de acuerdo con su fin natural. Nos ayuda a pensar bien y a entender con fe las cosas del mundo.
  4. Consejo: Permite que el alma intuya rectamente lo que debe de hacer en una circunstancia determinada. Nos ayuda a ser buenos consejeros de los demás, guiándolos por el camino del bien.
  5. Fortaleza: Fortalece al alma para practicar toda clase de virtudes heroicas con invencible confianza en superar los mayores peligros o dificultades que puedan surgir. Nos ayuda a no caer en las tentaciones que nos ponga el demonio.
  6. Piedad: es un regalo que le da Dios al alma para ayudarle a amar a Dios como Padre y a los hombres como hermanos, ayudándolos y a recetándolos.
  7. Temor de Dios: Le da al alma docilidad para apartarse del pecado por temor a disgustar a Dios que es un supremo bien. Nos ayuda a respetar a Dios, a darle su lugar como la persona mas importante y buena del mundo, a nunca decir nada contra Él.
 

 
Otros a tomar en Cuenta

Antes de continuar hay que definir el concepto de don. Un don es algo dado por otro libre, gratuitamente y benévolamente.
Así como el Espíritu Santo sus concede sus dones, el católico que los recibe concientemente, y deja que actúen en el, produce frutos. Estos son los frutos del Espíritu Santo.
“En cambio, el fruto del Espíritu Santo es caridad, alegría, paz, paciencia, benignidad comprensión de los demás, generosidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, continencia y castidad"
Cuando el Espíritu Santo actúa a plenitud en un católico, sus actos, que no son virtudes si actos son el fruto del Espíritu Santo.
Debe tenerse en cuanta, que también existe el pecado contra el Espíritu Santo, y los refleja la respuesta de Jesús cuando, es acusado de expulsar un demonio, por el mismo poder del demonio, cuando afirma:
"Por eso yo lesdigo: se perdonará a los hombres cualquier pecado y cualquier insulto contra Dios. Pero calumniar al Espíritu Santo es cosa que no tendrá perdón. Al que calumnie al Hijo del Hombre se le perdonará; pero al que calumnie al Espíritu Santo no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro"
 
 

Abandono
 

El Santo Abandono es él mismo el acto más perfecto de amor de Dios que un alma pueda producir, y vale más que mil ayunos y disciplinas. Porque quien da sus bienes por medio de la limosna, su sangre con los azotes, su alimento con el ayuno, da una parte de lo que tiene; el que da a Dios su voluntad se da a sí mismo y da todo, de suerte que puede decir: Señor, soy pobre, mas os doy todo cuanto puedo; después que os he dado mi voluntad, nada me queda que ofreceros. (San Alfonso Mª de Ligorio)
 
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