Boletin 07-2008 19-10-2017 16:09 (UTC)
   
 

Publicado 13/Mayo/2008
Familia Transmisora de la Fe



“La familia cristiana, por el sacramento del matrimonio y por el bautismo de los padres y de los hijos, es "Iglesia doméstica" y participa de esa misión; y en cuanto engendradora de sus hijos, se convierte en la primera y principal institución encargada de transmitir a los hijos el misterio salvífico de Dios. Por ello, los padres son los genuinos transmisores a sus hijos de la fe que profesan”.
 

 

Lectura del día
 

Lectura para este día: Sirácides (Eclesiástico) capítulos: 2, 3, y 4.
 
Queda a discreción del lector la lectura de los capítulos citados.
 

 
Edificación Espiritual

 
¿Qué significa que la familia sea transmisora de la fe?
 
 
Con sinceridad respondamos: ¿Qué es lo que nuestros padres nos transmitieron?
 
¿Qué le hemos transmitido a nuestros hijos?
 
¿Realmente los hemos evangelizados con lo que les hemos transmitido? O ¿Qué hemos hecho en ellos y de ellos?
 
¿Nos sentimos satisfechos con lo que les hemos transmitido?
 
 

Eco de la Palabra
 

 
La palabra para esta reunión de crecimiento pareciera enfocada al comportamiento de los hijos hacia sus padres. Pero, ¿acaso antes de ser padres no fuimos hijos? Verdaderamente es así. Y ahora nos vemos envueltos a exigir a nuestros hijos una determinada forma de ser, cuando nuestros padres igual fueron con nosotros. En nuestra historia personal, nuestros padres nos trataron de una manera particular. Bien en algunos casos, pero por el contrario otros no lo fueron, y no fue una experiencia de felicidad. En fin, nuestros padres fueron de una determinada forma de ser. Ahora se nos cuestiona a nosotros, si realmente estamos cumpliendo con nuestro deber de padres católicos. No se está evaluando a nuestros padres, sí a nosotros. Independientemente de nuestra vivencia como hijo e hija, ahora deseamos transmitir a nuestros hijos. ¿Estamos transmitiendo algo?
Para transmitir la fe en Dios, el amor de Dios, nosotros debemos vivir primero el amor de Dios, tener una vivencia de la fe en Dios, de creer en alguien a quien no podemos ver, pero que percibimos a nuestro alrededor. No podemos, transmitir lo que no conocemos, no podemos enseñarlos a amar, si no sentimos el amor.
Muchos resumimos la tarea de ser padres en concebir, satisfacer las necesidades básicas de alimento, techo, escuela, etc. Con esta creencia pensamos que la responsabilidad de educar, y transmitir la fe es responsabilidad de los maestros y el colegio, del sacerdote y la parroquia. Nadie puede sustituir esa enorme responsabilidad que se nos ha dado a nosotros como padres. En una escuela para padres se mencionaba que un niño es como un teatro vacío, cada butaca esta libre, esperando a que alguien se acomode. ¿Pero quién esperamos que se acomode en esas butacas? Toda vez que una conducta apropiada se ubique en una localidad, esta no cederá su espacio. Cuando el teatro está lleno, de malos hábitos, no cederá espacio a los buenos valores. Luego se pretende que el joven abandone los vicios en los que se ve agobiado, en la conducta hostil, que sea dócil y obediente.
En la catequesis básica para niños que desarrolla la parroquia, se llevan a cabo las escuelas para padres. Parece que los niños inscritos en las escuelas carecen de padres, pero no carecen de: abuelas, tías, incluso las empleadas de casa, que son las que asisten a las escuelas para padres. Dejamos sobre ellos la responsabilidad de asistir a las escuelas, a los catequistas de transmitir la doctrina, cuando los que deben asistir a la doctrina son los padres, para poder transmitirla a nuestros hijos, transmitirla por medio de nuestro ejemplo de vida.
 
Ya en el Boletín 04-2008, se expresaba el sentido de la familia en el contexto del catecismo de la iglesia católica, y del documento conclusivo de aparecida. Vale la pena revisar este resumen, mas sin embargo vale la pena mencionar las citas siguientes:
2221 La fecundidad del amor conyugal no se reduce a la sola procreación de los hijos, sino que debe extenderse también a su educación moral y a su formación espiritual. El papel de los padres en la educación "tiene tanto peso que, cuando falta, difícilmente puede suplirse" (GE 3). El derecho y el deber de la educación son para los padres primordiales e inalienables (cf FC 36).
2223 Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos. Testimonian esta responsabilidad ante todo por la creación de un hogar, donde la ternura, el perdón, el respeto, la fidelidad y el servicio desinteresado son norma. El hogar es un lugar apropiado para la educación de las virtudes. Esta requiere el aprendizaje de la abnegación, de un sano juicio, del dominio de sí, condiciones de toda libertad verdadera. Los padres han de enseñar a los hijos a subordinar las dimensiones "materiales e instintivas a las interiores y espirituales" (CA 36). Es una grave responsabilidad para los padres dar buenos ejemplos a sus hijos. Sabiendo reconocer ante sus hijos sus propios defectos, se hacen más aptos para guiarlos y corregirlos:
El que ama a su hijo, le azota sin cesar...el que enseña a su hijo, sacará provecho de él (Si 30, 1-2).
Padres, no exasperéis a vuestros hijos, sino formadlos más bien mediante la instrucción y la corrección según el Señor (Ef 6,4).
Aparecida.
118. En el seno de una familia, la persona descubre los motivos y el camino para pertenecer a la familia de Dios. De ella recibimos la vida, la primera experiencia del amor y de la fe. El gran tesoro de la educación de los hijos en la fe consiste en la experiencia de una vida familiar que recibe la fe, la conserva, la celebra, la transmite y testimonia. Los padres deben tomar nueva conciencia de su gozosa e irrenunciable responsabilidad en la formación integral de sus hijos.
 
119. Dios ama nuestras familias, a pesar de tantas heridas y divisiones. La presencia invocada de Cristo a través de la oración en familia nos ayuda a superar los problemas, a sanar las heridas y abre caminos de esperanza. Muchos vacíos de hogar pueden ser atenuados por servicios que presta la comunidad eclesial, familia de familias.
 

 
Edificación Espiritual

 
La familia, primera y principal transmisora de la fe

Párrafos del mensaje que el santo padre Benedicto XVI dirige a este V Encuentro Mundial de las Familias en Valencia, España.
Benedicto XVI al recordar que fue su venerado antecesor, Juan Pablo II, quien convocó el V Encuentro Mundial de las Familias, con el tema de "La transmisión de la fe en la familia", dijo textualmente:
“Me propongo alentar, como lo hizo Juan Pablo II, "la estupenda novedad" del "Evangelio de la Familia", cuyo valor es central para la Iglesia y la sociedad. La familia cristiana tiene, hoy más que nunca, una misión nobilísima e ineludible, como es transmitir la fe y la inserción en la comunidad eclesial. Los padres son los primeros evangelizadores de los hijos, don precioso del Creador. Así se va construyendo un universo moral enraizado en la voluntad de Dios, en el cual el hijo crece en los valores humanos y cristianos que dan pleno sentido a la vida.
Ya desde ahora –sigue diciendo el Santo Padre- encomiendo al Señor y bendigo a las familias que participarán o se unirán espiritualmente a dicho Encuentro. Que la Virgen María, Madre nuestra, que acompañó a su Hijo en las Bodas de Caná, interceda por todos los hogares del mundo”
Este el tema de la primera catequesis: La familia, primera y principal transmisora de la fe.

Para poder comprender este primer punto, es bueno que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿Perciben los esposos de hoy que la familia es la primera y principal transmisora de la fe, o desconocen o abdican de esta misión?
Tocamos aquí un punto esencial de nuestra realidad cristiana. Por tanto, tratemos de fijar cómo es nuestra propia familia ante tal pregunta. Para esto debemos de saber que nadie da lo que no tiene. Si en una casa no se da importancia a los valores de la persona, esto puede repercutir de forma grave sobre la misma familia y sobre la misma sociedad.
Los valores de la persona: el amor, la verdad, la justicia, la responsabilidad, la solidaridad, etc., son fundamentales en la construcción del mundo. Y en primer lugar, estos valores derivan de la fe en el Dios vivo, que quiere el amor, la verdad y la justicia. Los padres en la familia, son los maestros insustituibles de los hijos. Los valores de la persona que hemos mencionado anteriormente entre ellos se adquieren en casa, en familia, como Iglesia doméstica.
“La familia cristiana, por el sacramento del matrimonio y por el bautismo de los padres y de los hijos, es "Iglesia doméstica" y participa de esa misión; y en cuanto engendradora de sus hijos, se convierte en la primera y principal institución encargada de transmitir a los hijos el misterio salvífico de Dios. Por ello, los padres son los genuinos transmisores a sus hijos de la fe que profesan”.
De ahí la necesidad de preguntarnos: ¿qué tipo de maestro, maestra, soy yo en mi casa? No le echemos siempre la culpa a la sociedad o alguna institución evadiendo nuestra responsabilidad.
Ahora bien, la familia sola no puede hacer todo, primero porque vivimos en sociedad, necesitamos la ayuda de los demás y la colaboración en esta tarea de educar. En segundo lugar, porque son valores sociales, que afectan y crecen en las relaciones humanas. De ahí la necesidad del apoyo de la escuela, la catequesis parroquial, y por qué no del Estado. El estado tiene obligación de proteger a la familia para cumplir con sus obligaciones en orden al bien de los hijos y del bien de la sociedad.
Justo es decir que estas instituciones son de apoyo, y jamás sustituirán la presencia y la formación que dan los padres. Y así leemos en las catequesis preparatorias:
“La familia no es una institución autosuficiente ni autónoma en la transmisión de la fe a sus hijos; sino que necesita estar en íntima relación con la parroquia y la escuela -sobre todo si es católica-, que frecuentan sus hijos. El modo informal (a veces ha de ser también formal) de la catequesis familiar se complementa con la catequesis parroquial y la clase de religión del centro educativo”.
Acabamos con una invocación a Nuestro Padre del cielo para que nos ayude en esta tarea:
Oh Dios, que has dado a la familia cristiana el honor y la responsabilidad de transmitir la fe a sus hijos; concédele tu fortaleza para cumplir con fidelidad la tarea que tú le encomendaste. Por interseción de Jesús, María y José, modelo de toda familia. Amén.
 
 

¿Perciben los esposos de hoy que la familia es la primera y principal transmisora de la fe, o desconocen o abdican de esta misión?

 
Para esto debemos de saber que nadie da lo que no tiene
 

Abandono
 

 
El abandono es un camino de fe. La fe ha de ser la única luz del camino. (Jaume Boada)
 
El abandono te llevará a una total aceptación de la voluntad del Padre y a una fidelidad sin límites, a pesar de que muchas veces no entiendas lo que Dios te pide. (Jaume Boada)
 
 
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